Asociación Malawi-Salud
Asociación Malawi-Salud

Marta, 2016

 

“…El hospital es claramente morado!!!!, son todo mujeres!!!, en las salas, en los pasillos, en el underfive ... enfundadas en sus chitengis , esas telas de colores que sirven para transportar , vestir, limpiar, dar calor, dar frío..., nos sonríen , siempre esperan a tu saludo pero con una sonrisa de vuelta , sobre todo si el saludo es en Chichewa, "mazuka bwangi"!!


Al entrar al emergency ward que es donde estamos currando, dentro de la parte de pediatría, los pasillos son mujeres amamantando a los niños  o preparando el "nsima", esa mezcla de harina y agua que para ellos es comida, eso y arroz , pero no porque no conozcan otra cosa , es que tampoco la quieren, según nos contaban los que llevan años aquí, esta "enzima" insípida y aburrida al paladar europeo es como el mas delicioso pan de horno de nuestras mesas, si no comes eso o arroz , parece que no has comido...
Así que los pasillos del KCH son verdaderas comunidades peregrinadas de sus aldeas y construidas aquí, puesto que muchos niños vienen de muy lejos  y pasan muchos días así que las madres, abuelas, hermanas y algún varón que puedes encontrar, cargan con la comida y aperos, así como el chitengi de recambio para permanecer los días que haga falta y aguantar estoicamente en los pasillos o en las salas…

Trabajamos muchísimo, y no quiero ponernos medallas pero hay que reconocer la dureza del sitio, hasta el punto de que hemos caído enfermas tres, esta semana. Yo que me creía bien fuerte, el jueves tuve mi primera gastroenteritis fuerte del viajero  que acompañada del insomnio que creo que me produce el antipalúdico hizo que tuviera que hacer un parón y descansar...”

 

Cesar, 2016

 

“…A medida que la mañana avanza y una vez vistos todos los pacientes, hacemos una segunda ronda con el médico adjunto al cargo para revisar tratamientos y acciones terapéuticas. Si el día es bueno, nos podremos ir a comer antes de que se acaben las existencias de pollo; pero, como esto no suele ocurrir, pronto aprendes a llevar comida de casa. Generalmente, este es un buen momento: la sala se encuentra medio vacía ya que los pacientes en mejor estado se han ido a otras áreas, las madres a por la comida proporcionada por el hospital, los estudiantes de medicina y enfermería han desaparecido y el Ward queda en calma. Salimos casi siempre sonriendo y bromeando con que “hoy será un buen día”; aunque pronto te das cuenta de que lo peor viene después de comer, cuando además tus fuerzas flaquean.

 

Hay días donde el goteo de pacientes graves se convierte en un aluvión. Tener las camillas a reventar de niños y que vengan varias madres, ya de otra camilla ya de fuera, con su hijo en brazos, inconsciente o convulsionando… estresa bastante. Le haces hueco como buenamente puedes y lo atiendes como mejor sabes. A veces, no es suficiente; pero es lo mejor que tienen, y ellas lo saben. No pueden elegir, no tienen segunda opción. Te traen a su hijo o nieto con esperanza…, y esperarán; incluso cuando ven que le rodean a su hijo médicos y enfermeras…, esperarán; y si alguien empieza a comprimir ese pequeño pecho…, esperarán;  y cuando todo se pare y nos separemos del niño…, esperarán hasta que de sus labios sólo salga un grito ahogado cuando alguien consiga traducirle en Chichewa que no se puede hacer nada más. Es en ese momento cuando hay dos formas completamente opuestas de responder: con un rictus duro e impasible que incluso puedes confundir con indiferencia, junto con una mirada que hiela, fija en su niño; o con gritos, llantos desgarrados que retumban por el pasillo -da igual lo lejos que se lleven a la madre.

 

Cuando esto ocurre, el Chitengi, o mejor dicho, esa tela multiusos que sirve para limpiar, ir al mercado o colgarte a tu hijo a la espalda, adquiere un uso final y ejerce de mortaja. Se cubre al paciente y se deja en el mismo lugar hasta que vienen a recogerlo. No tardan mucho, pero la imagen de un cuerpo inmóvil cubierto, junto con otros niños, en la misma camilla, es terrible.

 

Sin embargo, no todo es drama. En el Ward se encuentra un acompañante por niño. No hay espacio para más; y todas y cada una de estas madres te roban el corazón en un segundo. Nunca tendrán una mala palabra o un mal gesto hacia ti. Tienen fe ciega en lo que haces, y que lo haces por y para su pequeño. ¡Es tan fácil sacarles una sonrisa!...”

 

Maria, 2016

 

Lo que yo vi

 

África es luz, la más hermosa que nunca vi.

 

Es el círculo cromático al completo, ese que tantos millones de personas han pintado con sus vidas a lo largo de la historia.

 

Es el verde más brillante allí donde pensé encontrar una tierra árida, y es, a la vez, la tierra más árida que nunca un corazón tan verde tuvo que sufrir.

Es el rojo de sus flamboyanes, de los amaneceres y del adobe.

 

Es la felicidad más pura de aquellas cuantas almas he conocido, ya que su riqueza es otra, y la hacen tuya solo con mirarte.

 

África es vida, profunda y salvaje, y fue el diluvio universal en mi interior. Nunca me sentí tan parte del planeta como tras aquella lluvia torrencial en la sabana. Tremendo olor a tierra mojada…a la tierra de todos, a la tierra de nadie.

 

Es como el baobab que fue castigado, según la leyenda, y que ahora esconde sus ramas en las entrañas y muestra sus raíces… Qué ironía…pues aún así, luce bello y altivo ante quienes lo castigan.

 

Es el silencio y el ritmo de la naturaleza, el que nunca debió cambiar. El que ellos llevan en la sangre desde que su corazón empieza a latir, y ven la enorme sonrisa blanca de sus madres… eterna sonrisa, que nunca pierden.

 

África es como un náufrago que grita pidiendo ayuda, al que solo los ojos bien abiertos alcanzan a ver. Y necesita ayuda, claro que sí. Pero lo que muchos no saben, es cuánto ayuda África a los demás, y cómo me salvó a mí.

 

 

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